Emilio Arnao<BR>El dia en que conocí a la Rochefoucauld

Tanto tiempo sin escribir aquí

Escrito por emilioarnao 02-06-2013 en General. Comentarios (1)

Hace demasiado tiempo que no escribía en este blog, por culpa de no poder tener por cuestiones ajenas a mi voluntad este espacio libre y dispuesto para escribir aquí mis escrituras, mis pasiones, mis tristezas, mis romanticismos ocultos o mis dolores más extremos. Han pasado muchas cosas desde entonces, por ejemplo, que he escrito una infinidad de libros, más de los que yo mismo jamás hubiera imaginado. Me paso todo el día escribiendo, a partir de un horario muy amplio, pues me levanto a las ocho, me ducho, desayuno, fumo, bebo cocacola y me pongo a la máquina hasta las once de la noche, en que vuelvo a la cama completamente agotado, con la cabeza como un siroco, con el cuerpo como el de Cervantes en Lepanto, y, claro, así van saliendo los libros, uno tras otros, ensayo, novela, poesía, memorias, teatro, ya iré dando cuenta de ellos en próximos artículos. La literatura para mí se ha convertido en la salvación de esos episodios baudelairianos en que el hombre si no se entremezcla con la creatividad puede caer en el tedio del absurdo, en la cantina de las tardes, en el ajedrez de la intelectual. Yo no soy un intelectual, sino un poeta provinciano que intenta realizar bien las cosas. Sé que no soy nada ni nadie, pero cuando me pongo delante de la pantalla de ordenador, mi vida se convierte en el insecticida que amortiza la melancolia, el desplome del tiempo y la poco luz que le quedan a las lámparas de gas. Vuelvo a mi blog intentando recuperar a los lectores que he perdido en el camino. Aquí estoy de nuevo, como una guerra carlista pintada por Otto Dix. Yo soy la guerra.

Manifiesto

Escrito por emilioarnao 13-07-2012 en General. Comentarios (0)

MANIFIESTO PARA UNA DESOBEDENCIA CIVIL

 

     Sentenciadas las políticas neoliberales aplicadas por el Parlamento Europeo, el Eurogrupo, sugeridas por el Fondo Monetario Internacional, ante la presión de los mercados, con la única intención de devastar todo proceso de entidad ciudadana e implantar  el sistema capitalista en toda su ordalía de poderes omnímodos que obedecen a una evolución del tiempo que nos viene desde que Thatcher y Reagan cuando implantaron un modelo económico con tal de impugnar la bases teóricas de una actitud reivindicativa de las masas populares, las clases medias y sus resúmenes aplicados en la Declaración de los Derechos Humanos y todos los tratados, uno a uno, que fueron surgiendo en la posguerra de la violencia del fascismo en la primera mitad del siglo XX con la intención de reconstruir un mundo que estaba desmoronado y que en breves años, con un inmenso esfuerzo, generó una visible esperanza ante el terror de los hombres que nos gobiernan, se están solidificando en estos momentos una geografía política y económica que sólo aspira al ansia de poder y a la deconstrucción de los individuos en sus libertades más básicas. Estamos asistiendo a la implantación de un sistema financiero y globalizador que consigue arrastrar a la clase política hacia el precipicio de toda nacionalidad propia y consistente. Ante las últimas medidas adoptadas por el Gobierno español, precisamos aquí un memorándum de cuáles deben ser las actitudes de la ciudadanía para una desobedencia civil:

 

-         Creamos firmemente y constantemente en lo que vamos a hacer y no nos dejemos caer en la rutina, en el hastío o en el olvido. Que todo lo que pretendamos realizar adquiera tintes de realidad y no sólo en supuestos o en advertencias teóricas que no nos conducen hacia ninguna parte.

-         Pasemos de la resistencia al activismo. No sólo convirtamos esta lucha en un compromiso cívico y etéreo, en todo caso, actuemos desde hechos concretos y seamos verdaderos protagonistas del cambio que ya desesperadamente buscamos.

-         Para ello ya de nada valen las manifestaciones y las pancartas, la acumulación de ciudadanía en la calles, puesto eso es lo que precisamente el Poder anhela, que gritemos hasta quedarnos afónicos y que las letras de los carteles se vayan cayendo desde la insistencia y la fotografía que mientras tanto nos están haciendo. Toda revolución debe ser activa, movilizadora, con realidades concretas que supongan una consecuencia ganada, lograda, vestida, reformadora. La clase política, defenestrada por la presión de los mercados, no cambiará nunca ni un ápice de sus voluntades sino es obligada y destruida.

-         Confirmamos la necesidad de una revolución en movimiento, no detenida en las plazas públicas. Toda revolución que hemos aprendido a través de la Historia ha sido violenta. Nosotros debemos proponer la revolución pacífica. Realicemos la vigilancia de las actuaciones de Gandhi, quien derrocó a todo un Imperio Británico desde la desobedencia civil, con un vestido blanco, desde su pequeña estatura caminando los senderos de la India para comunicar su mensaje. Los indios se dejaban golpear con palos y fusiles cuando querían entrar en las salineras que les pertenecían. La sal era un producto básico para la economía hindú. Se ponían en filas y, uno a uno, iban acercándose hacia los soldados que custodiaban la sal. Salían heridos, pero continuaban enfrentándose a los ingleses sin importarles los golpes.

-         Es necesario ya entrar y tomar las instituciones, tanto políticas como económicas. Ghandi. Pongámonos en fila y uno a uno intentemos entrar en los parlamentos, en el senado, en los bancos, en las consejerías, en los ayuntamientos. Está claro que las Fuerzas de Orden Público nos golpearán. Llenemos los hospitales con nuestras heridas. Jamás toquemos a un policía. Así día tras día, sólo con las palabras y con nuestro silencio. No dictemos consignas. No valen para nada. Sólo silencio y acción. Bloqueemos la política. No la dejemos actuar. Que oigan nuestro llanto. Es el único modo de intentar encontrar la piedad, su fuerza desorbitada ante un ciudadano que no se defiende. Sólo desea, vive para una causa común.

-         No paguemos el IVA. No paguemos impuestos. Saquemos todo nuestro dinero de los bancos. No permitamos los desahucios. Ocupemos las casas desahuciadas, pero no desde la calle, desde dentro. No trabajemos. Acudamos a los lugares donde trabajemos, pero crucémonos los brazos. No consumamos, sólo lo imprescindible. Creamos una crisis económica todavía más extensiva. Bloqueemos el Estado. Hagamos que los Gobiernos vayan a la quiebra. Abandonemos el euro, moneda que sirve como pretexto para organizar esta delincuencia neocapitalista. Y empecemos de nuevo. Nosotros. Empecemos de nuevo. Llegarán tiempos difíciles, pero no peores de los que quieren eternamente que asumamos. El capitalismo crea periodos oscilantes donde una crisis económica, una vez solucionada, se encadena con otra. Y así siempre. Baste revisar lo ocurrido desde los años 70 hasta hoy.

-         Y finalmente continuemos proponiendo más alternativas para esta revolución tan necesaria como el pan que sale de los hornos.

 

Emilio Arnao

 

Capítulo de novela

Escrito por emilioarnao 07-07-2012 en General. Comentarios (0)

Queda aquí uno de los capítulos de mi novela "El Odio". Ya me queda poco para acabarla:

 

CAPÍTULO IX DEL ENSAYO “LAS GRANDES CONTRADICCIONES DEL MUNDO” EDITADO POR AMAZON.ES

Por Humbert Van Eyck

 

     Llevo en los capítulos anteriores intentando decir que esta permanente contradicción en que nos vemos repetidos por los avances sinestésicos del mundo no nos permite exigir que la vida pueda resultar realmente bella. Toda belleza deriva ya de la interconexión de todos los elementos perdurables. Pero cada uno va por su lado, los bosques sólo piden agua, sin que ésta caiga, la astronomía está diseñada para construir una habitación de Trieste, estando ya Trieste en la partícula de Dios, la imagen copula con la inmensa mano izquierda de un neourbanismo donde el pensamiento puede ser lógico o ilógico, pero nunca demostrable. La mente humana ha desertado de la filosofía, siquiera la mágica, y hoy ya todo se produce en un cyborg que intenta ser culpado de su falta de amabilidad. No podemos pensar, puesto que nos están pensando. Sin embargo, take it easy.

     Esta tierra de incendios –neurología de las manos manchadas de ayer- hoy burbujea entre las distintas emociones estilísticas que se producen en una equivocada mixtura entre la ética política, el Hércules de los valores económicos, las investigaciones del genoma humano y una nanotecnología que supera ya la existencia de toda inteligencia. Estas desestructuras de las diferentes novelas negras del mundo derivan en un nudo gordiano que todavía no sutura una realidad que creemos ya definitiva. Un mentís.

     Yo creo que ya no nos atrevemos a observar el pasado, pues éste ha sido alcanzado por una futurización que se signa instante a instante, zona a zona, Airbus a Airbus. Cuando yo pintaba, lo hacía al óleo, intentando descubrir una emoción que con toda probabilidad no estaba pintada. Ahora, desde mi casa de la bahía de Qingdao, me estoy dando cuenta que la pintura se anda de dedo contra pantalla. Lo que sale de ahí no es que no sea pintura, pero converge en algo que todavía no somos capaces de definir, como, por ejemplo, qué cosa es la cosa. Llegará un tiempo, no muy lejano, en que el Arte y la Poesía no sean derramadas por las camas, pues los poetas y los pintores de ayer, yo mismo, habitarán la marginación y la negabilidad. No hay tiempo para el optimismo, pues las formas duras del mundo no son conscientes de que deben coexionarse en la misma canción tecnológica.

     La política, que no es lógica ni ética, no dibuja el archivo del tiempo virtual para conceder al hombre un mensaje feliz. Todo político se entrelana en esa cisión. Lo político y lo financiero desaparecerán en el marco de su propia absurdidad, porque todo lo que es absurdo parece que no es absurdo, pero en el fondo se declara sin fondos, carente de excepciones, desde la cercanía de un estancamiento que se diseca en el mismo punto que empieza y ya de por sí se acaba. Esta absurdidad delata todo principio de enaltecimiento de cualquier construcción, en fechas de las seis de la tarde, cuando todo comienza para desvelar todo principio de inacción. Mientras el mundo va avanzando –en esa correduría que es la metamodernidad- el hoy ya está superado y así vamos desarrollando teoría tras teoría, la cual contradice a la otra, la desafina, la absurdiza, hasta penetrar en los parámetros de una objetividad bastante mal regulada. Al final de todo, que ya es todo comienzo, todas estas muertes pequeñas –o magníficas según se vayan leyendo los días del calendario- van posponiendo todo encuentro de la vida con la propia vida, la cual calcula su senescencia así como van ocurriendo el folclore de los relojes. Todo invento que se realiza va saldando el senescal de este futuro donde todos nos vamos a volver a encontrar, pues, aunque el destino no exista –acaba desde el mismo momento en que sólo es imaginado-, persiste la idea de que hay que movilizando la salicina de un tiempo que en principio debe concurrir de un modo más sano, más sencillo, más eficaz. Pero aquí se revolean las grandes contradicciones de una historia reciente, pues hay un todo en que las diferentes nadas converjan, no hay una pantalla digital en que todo se vez o se escuche de la misma manera, dado que el revuelvepiedras siempre se alimenta de diferentes moluscos y nadie es capaz de advertir que estamos en el mismo mundo y no en todos los mundos que estamos construyendo a la par que tantas visiones tengamos de la diferencialidad. ¿Hemos renunciado a la inteligencia?

     Acaso nos movemos –y lo digo yo, que pinté el movimiento- en tantas fases como principios espasmódicos van sucediendo y no hay tecnología urgente y proteácea que culmine en la aspéride de la libertad global. Perdura la marginación de quien no esté conectado a esta sabiduría astral en que ya estamos instalados y llega el tiempo en que el ejercicio virtual desbancará a todos los procesos vitales: la política, los consejos de administración, el deporte, la emoción, la familia, la agonía, el escepticismo, la cultura, la muerte. Ya no moriremos, porque lo habremos hecho antes de que la muerte se visualiza como punto final de todo lo ocurrido. Morir consistirá en la prolongación de una masa del Universo en que concurramos y nos apeemos como un satélite ya descubierto y todo lleno de agua y frutales. El mundo avanza a un galope de caballos blancos de Jerez y esto ya no hay quien lo detenga. Vendrán los hijos de mañana a salvarnos de las tumbas y de este modo entraremos en los circuitos de las redes de un micrómetro en donde seguiremos batallando por intentar explicar qué es la vida, por qué morimos y no lo hacemos, qué es el amor, por qué hemos renunciado a la poesía, de qué manera es la mecanización la que distribuye la riqueza por los pueblos, por qué se acabó la política, quién lo ha calculado todo de una manera tan exacta, pero tan inexacta a la vez, cuál va a ser el próximo segundo. Estoy pintando mi “Adoración al Cordero Místico” y la Catedral de San Bavón de Gante está construida sobre la antigua capilla de San Juan Bautista, una arquitectura de madera que fue consagrada en 942 por Transmaro, obispo de Tournai y Noyon. Tardará todo el abismo –un abismo que navega por Urano- hasta que todo lo que yo estoy haciendo vuelva a ocurrir, porque el mundo, mi mundo y el que está pairando en las alienaciones de una contradicción elemental y visceral ya visten de la misma manera o tan diferente, pero todo está caducando desde el mismo momento en que está siendo creado. Yo soy benedictino y mi hermano Jan también pinta. Esperaremos a ver mañana qué buenas noticias nos trae la digitalización de Numidia.

 

Fragmento

Escrito por emilioarnao 23-06-2012 en General. Comentarios (0)

Ahí va un capítulo de la novela heterodoxa que estoy escribiendo: "El Odio"

 

MEMORIAS DE UNA DONCELLA EN SU PLENITUD DEL 1

 

     Voy a contar aquí aquellos recuerdos de juventud que me hicieron reír como una marca de tabaco, Lucky, por ejemplo, que es lo fumaba Lorca. El Lucky era mi forma de entender, en aquellos años en que a los dieciséis leí “La madre” de Gorki, un comunismo que me venía de los barrios pobres en que yo vivía. La pobreza se ancheaba entre el boeuf bourguignon que nunca comíamos, pues sólo tocábamos las puertas de un caldo de gallina y los regalices del hombre del carrito de los chicles que se detenía todos los días en aquellas calles de humo y de motocicletas Ducati donde llevábamos a nuestras novias. El comunismo, como una materia en donde se dilucidaba el sincretismo de las hadas –mis hadas que eran todas las madres-, me venía de aquellas lecturas de Proudhom, de Robert Owen, la vida de Mao Zedong, Kropotkin, Sylvain Maréchal, y ésa posibilitaba mi historia en la vida, una historia que yo creía que era sólo mía, entre los libros de matemáticas y los bocadillos de sobrasada de los patios. Yo, sí, doncella de un único número, tenía mi historia organizada al través de las grandes revoluciones. Mi ejemplo teórico se basaba en un siglo XIX donde se procuró combatir el monetarismo y los regímenes totalitarios desde una dialéctica y un obrerismo, que, sin mentir, adquirió sus muslos de violencia. Yo no necesitaba la violencia para cambiar el mundo, pero escuchaba por la radio las canciones de los Beatles y de Pink Floyd y dormía despierto en un sueño de nueva creación y de cabelleras tan largas como los mapas africanos. Mi adolescencia fue un trago de aguardiente donde descubrí, por culpa de la lluvia en una mañana de invierno, sábado, a Arthur Rimbaud.

      Yo necesitaba ser Rimbaud para enfrentarme a las vocales que para mí todavía no tenían su color, pues mi barrio se deslizaba entre la oscuridad y los partidos de fútbol. Mi futbolismo erradicaba en una actitud romántica desde donde presenciar la belleza como un barco ebrio y fue precisamente la embriaguez la que calmó mi furia de doncella proscrita. Esa proscripción anulaba todo contacto con la realidad en la que me había instalado y a la cual no encontraba por ninguna parte sino era a través del hachís y la ginebra. Ginebra estaba muy lejos, tal cual en medio de Europa, pero nosotros, los de entonces, no éramos europeos, en todo caso, una canción lenta de Julio Iglesia que aminoraba las reformas de un mundo que me ocasionaba verdaderamente asco. Esta asquerosidad mía, vislumbrada a partir de un repaso de todos aquellos siglos en que lo teológico y lo autárquico se interfusionaban como una batalla de hebreos y cananeos, tendía a agudizarse por el constante fracaso de las experiencias amorosas. Yo, como digo, domiciliaba un romanticismo que había leído en Shelley y en Novalis, pero que no palpaba raíces desde las cuales pudiera contemplar las tormentas a la manera de una melodía de Mahler. La música clásica, aparte del pop que comento, me publicaba todas esas células sonoras y todos esos convoyes estéticos en donde yo me estaba realizando. Isabel no me amaba en el colegio, a pesar de que siempre la invitaba a limonada y a pesar de que siempre, cuando don Pablo estornudaba y sacaba el pañuelo, le susurraba los resultados de las ecuaciones matemáticas. Isabel iba aprobando los cursos porque don Pablo estornudaba demasiado, pero sus ojos, tan puros como los versos de Bécquer y como un puente dediúmnico de Paris, no aprehendían mis ojos, tan débiles y tan lejos de Montevideo. Ese mi amor por la niña mala –con el tiempo leería a Vargas Llosa- se consumía entre la revolución y los cigarrillos de Rimbaud, en un hachichins de geometrías y falsas verdades. Mi verdad se sostenía entre la dispersidad y la falta de voluntad, pues nunca fui capaz –siempre he sido un cobarde, como los ingleses- de declarar el amor que me estaba forzando a permanecer en el desarraigo a aquella joven que ya tenía los pechos como una modelo estadounidense. Las películas, en el cine Odeón, me espumeaban hacia la búsqueda de una belleza que sólo hallaba en Isabel, pero que no perpetraba en esa colisión de planetas metafísicos a la que yo aspiraba. Quizá yo fuera demasiado metafísico, excesivamente rondante por una intelectualidad que me proveía de una heroicidad que en el fondo me vulgarizaba, como un Raimbat d’Arenga en un trovar clus que jamás conseguía nada: ni amar, ni vivir, ni gozar, ni alejarme de lo que entonces era mi constante obsesión: morir, y que se destruía a sí misma desde la mera utilización del lenguaje. Yo, con el tiempo me he ido dando cuenta, utilizaba para amar un idioma que se salía del amor, pues para amar son necesarias las palabras sencillas, monótonas, diurnas, como pedacitos de pan, y se daba el caso que yo siempre le hablaba a Isabel de Gorki y del socialismo utópico. De este modo, mis emociones escondidas en los escotillones que me provocaba el humo de los cigarrillos Lucky, propinó que la leyenda se metamorfoseara en una herida brutal de la cual jamás he podido escapar. Isabel se enamoró de mi mejor amigo, Juan Vasco, quien nunca la invitaba a limonada, pero sí fue el primero que se atrevió a tocarle los muslos.

     Fue a partir de ahí, con mi corazón asolado y vestido a la manera wertheriana, como decidí no amar nunca más y sólo dedicarme a la revolución, como un modo de infligirme dolor, más dolor, siempre el dolor, en un tiempo en que los misiles soviéticos amenazaban a Kennedy desde la bahía de Cochinos. Entonces comprendí que el leninismo, en su versión marxista, depuraba contratos y derechos internacionales desde la violencia y desde el espantoso reducto de la atomización. De repente, un día, asomado a la televisión donde emitían una película de José Luis López Vázquez, comprendí que la vida supuraba solamente comedia, una comedia de risa o llantos, que más da, y fue, a partir de ahí, donde decidí no acudir a la universidad y recorrer el mundo con una compañía de circo que anunciaba payasos y leones. Yo fui otro payaso más. Y no me arrepiento de haberlo hecho.

 

Presentación de "María Ángeles"

Escrito por emilioarnao 23-06-2012 en General. Comentarios (1)

El día 3 de julio, martes, a las 20 horas, en la librería Babel, detrás de la Iglesia San Miguel, presentamos mi último libro publicado, un poemario al que titulo "María Ángeles". Se trata de un texto con ondas autobiográficas, donde el amor es un proyecto que lentamente va derivando hacia la destrucción y desde donde emerge la decadencia del mundo. Ya Aleixandre nos avisó con su "La destrucción o el amor". En este nuevo libro mío, publicado por la siempre insistente y excesa de copas de licor editorial Calima, que tiene en Javier Jover a un editor insertado en el húmedo mundo de la poesía -yo ya no sé si Javier es editor o solo poeta-, abandono, no en toda su completud, el hermetismo y la experimentación de mis obras anteriores, aunque, como digo, continúa siluetándose una cierta vanguardia que asumo y con la cual gozo. Es la explicación más del desamor que del amor, aunque cuando escribí el libro, en tres días, el iluminismo y la optimación de los sentimientos se encontraban en la cima de Sils María, donde Nietzsche se alumbró de frondosas teorías. Reivindico en este libro la inevitable fusión del Arte, del conocimiento, del pensamiento con la experiencia amorosa, pues se indica como imprescindible sólo comprender la vida desde el romanticismo de los labios y la refundación de la Cultura. Yo, si he de ser sincero, así cómo van las cosas -declive de la clase política, apoteósis de los mercados-, ahora mismo me iría a una cabaña en lo alto de una montaña, toda llena de libros, y con una mujer a la que amara como nadie jamás la hubiera amado. El amor es luz o purgatorio. Todo lo que viene se va. Y aquí estamos, intentando comprender por qué sigue persistiendo esta horrible contradicción de un tiempo en que o estamos vivos o estamos muertos. El día de la presentación, en compañía del inmenso poeta Emili Sánchez-Rubio y el mismo Javier Jover, leeré algunos poemas. Y luego me acercaré al mar para lanzar el libro.