Emilio Arnao<BR>El dia en que conocí a la Rochefoucauld

Klopstock o la poesía de los Alpes

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Con Fiedrich Gottlilieb Klopstock, que no había oído todavía a Debussy, ya tenemos el lugar de arranque de lo que llegará a ser el Romanticismo, gas del alba y teoría de los hielos. Sobre él situemos la nueva poesía paisajística (el ginebrino Amiel, ya en plena época romántica, definirá el paisaje como un estado de ánimo). Así, Albretcht von Haller, alguien entre los árboles frutales, escribe en 1729 un largo poema descriptivo titulado precisamente "Los Alpes", en excursión a partir de Berna, lugar para los pájaros músicos. El pintor, paisajista y grabador, Salomon Gessner, en sus "Idyllen", obra de nata, en prosa lírica, hará ver con claridad que esta contemplación de la naturaleza tiene todavía (en él y en Ewald con Kleist) un carácter armónico y tranquilizador, que ya entonces, para otros, estaba dejando paso al patetismo de Klopstock, entre los faros oscuros, pero que enlazaba con lo que había sido una poesía de serena edificación religiosa en reflexión sobre la naturaleza. Baste el título de los cuatro volúmenes de versos publicados entre 1721 y 1748 por Barthold Heinrich Brockes, "Satisfacción terrenal en Dios". Gessner, que mira lento, desplaza esa religiosidad hacia un sentido de nostalgia de un prístino mundo perdido. La "edad de oro" ahora va a tener una peculiar imagen griega. En efecto, aquellos suizos, de una Suiza eterna, se declararon veneradores de la Antigüedad, bola de fuego, pero sus preferencias relativas (Homero por encima de Virgilio) eran tan poco parecidas a las oficiales, que presagiaban la nueva manera romántica de adorar el mundo heleno: la manera de Hölderlin. En otro sentido, su maestro inmediato era Milton, quieniba a tener una grandeza entre bíblica y clásica. A mí éste no me parece un maestro de sentimentalidad, pero sirvió como tal por contraste dentro de una determinada época europea, y además como grandioso estímulo de la fantasía. Una de las deudas que un día Klopstock quiso reconocer ante sus maestros suizos fue la de haber aprendido a admirar a Milton, individualista en la religión, como digo. Ese viaje también produjo consecuencias de poesía sentimental-paisajística, que están entre lo mejor de su obra. Friedrich Gottlieb Klopstock, que nació en 1724, no nos interesa hoy día tanto por su "Mesíada", vasta épica de tema bíblico, como por odas y poemas más limitados. Un poema en veinte mil versos en contrapartida al "Paraíso perdido", donde el pietismo sustituye, con más liricidad quizá, al puritanismo miltoniano como fondo religioso, difícilmente podía ser un pleno logro poético, sino el dueño de los conceptos abstractos. Y no sólo por la métrica, imitada con devota ingenuidad de la métrica grecolatina, con acentos en vez de longitudes silábicas, en versos que a Goethe le parecían valer sólo como prosa armónica. Lo que quizá más falla en la "Mesíada" es la imaginación, que no logra concretar el drama de Cristo en forma intuitiva, y lo deja semivelado en nubes de sentimiento, árbitro de luto del atroz romanticismo. En cambio, cuando se ajusta a temas y formas de mayor concreción, obtiene los relámpagos supremos de la poesía alemana pregoethiana. Creeríamos, pues, que es de Hölderlin, por ejemplo, este arranque de "El lago de Zurich": "Bello es, Madre Naturaleza, el lujo de tu invención // por los prados esparcidos: más bello un rostro alegre // que los grandes pensamientos // de tu creación vuelve a pensar".

Por lo que dice, esta estrofa podría servir de lema a toda la poesía romántica, por cómo suena, nos sitúa en la tonalidad de las más puras odas hölderlinianas, allí donde la intensidad emotiva se aviene mejor con el equilibrio clásico de la estrofa.

Pero no es sólo lo sublime, en sentido kantiano, lo que inspira a este poeta, es decir, inconmensurable, sino también lo pequeño, lo minúsculo y tierno, lo que casi no se dice.

Cuando el goethiano Werther contempla una tormenta en compañía de su amada Carlota, ésta, al ver caer un rayo, pone su mano en la de él, con ojos en llanto, y exclama: "Klopstock", pensando en una oda del gran maestro.

También, finalmente, cabe aludir a otro aspecto en que Klopstock preludia la época romántica: la autoconciencia del lenguaje, que madurará en Herder y en Wilhelm von Humboldt, ambos predecesores de la moderna lingüística, y que en él no aparece sólo como amonestación de la lengua alemana a quienes la usan, sino como alabanza al lenguaje humano en cuanto forma de toda la vida mental. Klopstock, por lo demás, palideció ante las montañas y sublimó el destino de los árboles y los  lagos con palabras de dulce encantamiento y devoradora carnalidad.

Comentarios

Querría leer La fiesta o la Consagración de la Primavera de Klopstock y, en alemán y en español, si hay una edición bilingüe

no me sirve necesito el poemaa no la historia del escritor ???? :(

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