David González
David González tiene un blog en el que se ve al poeta delante de una playa con su melena romántica y el puño marcando el índice en victoria anudado en anillos y una camiseta con la fotografía de Rimbaud. Es esa fotografía precisamente la que nos hace ver todo la arquitectura del rebelde que persiste en su filosofía de niño maldito, porque David Gonzalez, a la manera del siglo XIX, estructuraliza toda una generación del malditismo. Y toda una política libertaria. Desde Proudhom hasta Lautreamont, este poeta de Gijón, poeta de mares de Gijón, consuma su lenguaje de albatros baudelairiano hacia la libertad y el anarquismo, porque la existencia ya es demasiado sucia como para permitir que el capitalismo nos coma las orejas, "El demonio te coma las orejas", titula. David Gonzalez, Rimbaud y cuadros de Turner, tiene esa pose de viejo camarada, de verso de Paul Verlaine en la última absenta, de dandi del mal que todo lo gana. Su poemario "En las tierras de Goliat", publicado por El Baile del Sol, añade más trasmundo al mundo que lo habita y lo hace más grande en la grandeza que lo sueña. Es poeta porque se dedica prácticamente en cuerpo y alma a la poesía, porque sienta la poesía como motor de arranque en su modo de cambiar el mundo, como quería Marx, es poeta ya en su larga melena, como digo, y es poeta en su forma de controlar las cuatro civilizaciones que pasan por sus manos. Y, al fondo, la playa.

