Emilio Arnao<BR>El dia en que conocí a la Rochefoucauld

Lo que el hombre ha creado

Lo que el hombre ha creado todavía no ha sido escrito en los libros, porque está entre las manzanas del viento o subiendo las calles por los tranvías de Lisboa. Lo que el hombre ha creado no tiene tiempo ni derribos, ni detalles ni políticas imparables, tan sólo es algo oblicuo que tiene aún que ocurrir, como los versos que escribirán los poetas de la generación del 2059, porque la vida todavía, y mientras escribo esto estoy llorando, no está hecha, sino insinuada, vislumbrada, avisada, como el parpadeo de un faro que arropa la cercanía de los muelles. Lo que el hombre ha creado no es ni cuna ni sepultura, ni filosofía ni nanogenética, ni amores furtivos ni toda la pintura abstracta norteamericana, sino el movimiento invisible del silbido, Juan Piesdescalzos, nieto de la turquesa, de Neruda, antes de que lo escribiera, la estrella verde que aún no brilla. Todos alguna vez hemos creado algo, no sé, una piedra o un hijo, un camino o un pan, pero nunca hemos eternizado ese momento, y así no vale, eso no es justo, la vida debe valerse desde la eternización, sino no sirve de mucho, no se ajusta al detalle vivo de la superación de la muerte, que es de lo que se trata. Si no conseguimos transgredir la muerte, la vida, el tiempo, el mundo, el amor, no sirven absolutamente para nada. Lo que el hombre ha creado hace tiempo que murió en un descampado de tanto estar naciendo. Yo, que en el fondo soy un optimista, sigo esperando, al fluir de la espuma de las olas, sentado en la arena, borracho de licores fuertes, como quería Rimbaud, para darme cuenta si llega o no llega de alguna manera lo que el hombre está a punto de crear.

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